¿Por qué reaccioné de esa manera? ¿Por qué no
contuve esa reacción que hizo daño? ¿Por
qué exploto de esta manera a la mínima provocación? Son preguntas que nos
hacemos después de que hemos reaccionado de manera agresiva o a la defensiva y
que hemos lastimado a una persona que apreciamos o queremos. El ser humano tiene una tendencia a
no reconocer sus fallas y culpar a los demás; expresiones tales como yo no tengo
la culpa, tú empezaste, es que tú me hiciste enojar, siempre haces lo mismo, no
me gusta que seas así, si tú no fueras de esa manera yo no reaccionaría mal, son
los clásicos reclamos al otro para justificar nuestras acciones.
Si no aprendemos a conocernos mejor y buscar cambiar nuestras actitudes y
comportamientos, nos sumergiremos en un circulo vicioso que poco a poco
deteriorará nuestras relaciones interpersonales, ya sean con nuestras
amistades, con nuestros compañeros de trabajo, nuestros familiares y sobre todo
con nuestra pareja e hijos. Debemos dejar de culpar a los demás de las cosas negativas
que nos suceden y detenernos a pensar por un momento sobre la responsabilidad de nuestros propios actos.
No es fácil reconocer errores y aceptar que
nos equivocamos o que actuamos mal, no es fácil cambiar las conductas,
palabras, gestos, expresiones, actitudes, vicios, reacciones que hemos venido
arrastrando a lo largo de nuestra vida; pensamos que si aceptamos un error y
reconocemos un actuar inconveniente, perderemos autoridad, respeto, poder y
daremos una señal de debilidad. Pero es
todo lo contrario, sería una señal de madurez, de sabiduría, de humildad y de amor.
Tenemos derecho a equivocarnos, a molestarnos, a enojarnos, a no siempre poder
tomar las mejores decisiones, a comunicar lo que sentimos y lo que no nos gusta
de manera asertiva, es de humanos el no ser perfectos, pero a lo que no tenemos
derecho es a culpar a los demás, a lastimar, a gritar y hacer sentir mal a los
demás y a ofender.
Hay casos de personas que prefieren decir, ¿Así
soy y qué? Ya me conocías de esta manera antes, así que te aguantas, no puedo
cambiar, no voy a cambiar, cambia tú primero; esta es una resignación
fatalista, pesimista de alguien que se ha dejado vencer por sí mismo, de alguien
que ha dejado caer su autoestima dejando salir lo peor de sí ante cualquier
situación, conflicto y dificultad de la vida. No debemos renunciar a cambiar, pero
sí debemos renunciar a la necesidad de tener siempre la razón, renunciar a
tratar de controlar todo, renunciar a manipular e interferir en las decisiones
de los demás y a estar juzgando a los demás.
Ciertamente nacimos con un TEMPERAMENTO, vinculado
estrechamente a lo biológico, es decir, a la carga genética heredada por nuestros padres, y que condiciona
de cierto modo la forma en que reaccionamos al ambiente, éste se encuentra íntimamente
relacionado con nuestra conducta, sin embargo, no somos nuestra conductas, el
temperamento no nos define, ni nos determina, podemos cambiar, no estoy
determinado por mi biología o genética, no soy mis reacciones viscerales.
Alguien puede decir “Es que siempre he sido muy corajudo, mi temperamento es
colérico, por tanto eso no lo puedo cambiar” ¿El temperamento influye? Si, es
una realidad pero NO ME DETERMINA.
Nuestra personalidad no esta conformada
solamente por el temperamento, sino también por el CARÁCTER, entendido como el
conjunto de hábitos de comportamiento que hemos ido adquiriendo durante nuestra
vida, condicionados por el aprendizaje, el cual es absolutamente cambiable y
modificable.
Si somos capaces de cambiar nuestros hábitos
alimenticios en búsqueda de bienestar, salud y peso ideal, también podemos modelar nuestro CARÁCTER cambiando comportamientos, aprendiendo
de nuestros errores, venciendo el hábito de señalar los errores de los demás,
asumiendo nuestra responsabilidad con madurez, sinceridad y humildad, a fin de
alcanzar un desarrollo y crecimiento personal que nos permita mantener
relaciones humanas estables y duraderas.
“Si quieres
cambiar al mundo cámbiate a ti mismo”
(Mahatma Gandhi)

Excelente tema el de hoy en tu blog amigo Will!. Puedo opinar la conducta es el resultado de un maraño de factores entre los que se pueden mencionar la tendencia por herencia genética, los principios aprendidos desde la gestación hasta este preciso momento, pero sobre todo a las facultades volitivas de la persona. En las últimas décadas se hacen estudios sobre la inteligencia emocional y se ha comprobado que las personas que pueden ser conscientes de sus impulsos conductuales, han desarrollado una fuerza volitiva que les permiten tener ventajas sobre los demás en conseguir lo que desean por el mejor camino.
ResponderEliminarEs indudable que el autoconocimiento es básico para tener esa revelación de nuestros desequilibrios internos y de nuestras virtudes también, así que tenemos por delante un camino sinuoso para autodescubrirnos y saber que no debemos de temer quedar vulnerables ante quienes nos rodean.., como lo mencionas, es un acto de amor y realización. Dejo una frase que me gusta mucho acerca del tema: Quien se conquista a sí mismo, es mas fuerte que quien conquista el mundo entero. También este link que me gustó mucho y que puede ayudar un poco mas con el concepto "volitivo". http://definicion.de/volitivo/
Muy buena frase mi es estimado Jesús, resume muy bien las ideas, quien se conquista a sí mismo tiene la mitad del camino recorrido. Gracias por tus comentarios.
ResponderEliminarMuy cierto y bien dicho Will. Gracias por compartir y hacernos reflexionar en cosas tan simples pero con mucho impacto en nuestras vidas.
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